jueves, 7 de mayo de 2015

Rescate, por Sonia Quiveu



El aeropuerto estaba vigilado por federales. Niki Zen saldría por la puerta de desembarque de un momento a otro. Custodiada por dos agentes de la interpol. Cuando recibí la foto que envió mi cliente me quedé sorprendido por la imagen de la persona que tenía de rescatar de las manos del gobierno americano. Consideraban a la detenida una criminal peligrosa, pero según el viejo Lee Zen, su nieta era inocente de todos los cargos por los que pretendían ejecutarla. La trasladaban a Estados Unidos por una serie de asesinatos que se sumaban a una lista delictiva bastante extensa, más grande que la propia Niki a mi parecer.
 
La puerta de desembarque se abrió y los pasajeros del vuelo 771 empezaron a salir cargados de maletas.
Una chica menuda, de unos veintidós años, que coincidía con la fotografía, salió esposada y rodeada por dos gorilas armados. En persona, ella era una versión muy apagada de la foto. Daba la impresión de no haber tenido contacto con una ducha desde hacía varios días. El pelo se le aplastaba alrededor de un rostro excesivamente delgado y lívido. Y la camisa, blanca, estaba oscurecida de varios tonos grises y marrones, como si hubiese sido arrastrada por el suelo.


Tenía los hombros rígidos y no apartaba la vista del suelo. Era obvio que estaba asustada, yo también lo estaría en su lugar, que la organización más poderosa del mundo contra el crimen estuviese encima de ella no daba mucha esperanza de futuro. Apenas le veía bien la cara, pero se podían vislumbrar unos ojos grandes y rajados que procedían de otra raza diferente a la que predominaba en la familia Zen.
 
-          ¿Qué estoy haciendo? – Esto iba a ser una locura. Me iba bien con agencia de investigación y apoyo criminalístico. Aceptando este trabajo podía echar mi futuro al traste.

Miré a mi alrededor buscando a los hombres que Lee había prometido proporcionarme para el rescate, me negué a involucrar a mis hombres en esto por muy buenos que fueran. Localicé a dos de ellos. Un supuesto matrimonio que miraban hacia la salida de desembarque con unos carteles en la mano y un ramo de flores. Y unos metros más atrás había un ejecutivo con un maletín, por la postura de alerta que mantenía, deduje que no era la persona que quería aparentar. Se trataba de un soldado retirado, un mercenario. Como lo había sido yo unos años atrás.

Éramos cuatro en total, contando conmigo. Iba a ser una misión arriesgada, teniendo en cuenta que había contado hasta diez federales más los dos guardias de la interpol. Pero Lee me había prometido gente cualificada, gente como la que pertenecía a mi equipo. Si el matrimonio era como lo que prometía ser el ejecutivo, teníamos una posibilidad.

Nunca antes había trabajado en el lado opuesto de la ley. Me estaba jugando mi posición en una plataforma privada que había empezado con buen pie colaborando con el gobierno, pero el testimonio de Lee Zen, más las indagaciones que hice estos días atrás, me hizo aceptar el trabajo. Las pruebas que arremetían contra su nieta no eran creíbles para alguien que tuviese idea de criminología. Los casos que aparecían en los expedientes parecían ficticios. Se veía a las claras que alguien había colado casos falsos. Aún así el juicio que había tenido un mes atrás la sentenció sin dilaciones.

Ahora la procesarían por varios asesinatos en Florida, cuyos cadáveres, curiosamente él no había encontrado. Era imposible creer que esa muchacha, diez años más joven que él tuviera la mente de un asesino en serie, un terrorista, un narcotraficante, fuera la cabecilla de una banda organizada y dirigiera un mercado de pornografía infantil. Se había criado excluida del mundo en una montaña, atrapada por murallas y terrenos de bosque. Su educación había sido impuesta por las antiguas costumbres de sus ancestros para convertirla en la esposa perfecta para un prometido que, obviamente la había metido en esta trampa.

Sospechaba que esto era una venganza que arrastraba varias generaciones de rencor. La pobre Niki Zen había tenido la mala suerte de nacer en el seno de una familia que tenía enemigos muy antiguos, en los que habían sucedido siglos de muertes. Los padres de la chica habían sido dos de esas víctimas arrastradas por el simple hecho de llevar la sangre de los Zen.

Había que rescatarla. Mi buen sentido me decía que no podía dejar que le pasara una injusticia como esta a una chica inocente. Aunque eso me metiese en la guerra entre dos viejos clanes.

El matrimonio avanzó como si hubiesen visto a alguien, y chocaron contra un hombre cargado de maletas. Los equipajes cayeron al suelo y una de las maletas se abrió, desparramando prendas a los pies de los agentes de la interpol. La chica se escondió tras ellos sobresaltada. Los dos agentes no parecían preocupados de que escapara, se agacharon tranquilamente a ayudar a recoger la ropa. Otra prueba más que me decía que todos estaban metidos en esto, lo que hacía que me preguntara hasta donde llegaba el poder del verdadero criminal.

Me coloqué una gorra para evitar que se me viera en las cámaras de vigilancia y ajusté bien mi mochila al hombro antes de ponerme en movimiento. Avancé en ese momento sin quitar un ojo de los federales que se asomaron a ver qué pasaba.

El ejecutivo se cruzó con ellos de pronto y un gas empezó a salir de su maletín al mismo tiempo que él y el matrimonio, se tapaban la boca y la nariz con un pañuelo.

Reaccioné rápidamente y me cubrí con el cuello del chaleco. Avance hasta Niki Zen y tiré de su manga mientras observaba cómo todos se miraban desorientados. No sabía qué contenía ese gas, pero estaba siendo testigo de sus efectos. Por extraño que pareciera, nadie reparó en mí ni en como tiraba del brazo de Niki y la arrastraba hasta la pista de aterrizaje.

El gas le estaba afectando a ella también. Miraba hacia atrás sin entender qué sucedía, pero tampoco se resistía a ir conmigo. Por sus movimientos torpes supe que estaba más débil de lo que se veía a simple vista. Llegamos a la pista y uno de los coches que cargaba el equipaje nos hizo señas para que montásemos. Me dio una carpeta con documentos que ojeé mientras avanzábamos por la pista de carretero. Contenía dos pasaportes, dos documentos de identificación, y varias tarjetas de créditos, todo a nombre de Matt y Misha Adams. 
 
Llegamos a un avión privado sin nombre y anagrama y empujé a Niki hacia las escaleras, en el momento que posé las manos en su espalda para que subiera, ella se encogió. Por alguna razón sentí arder de rabia. Solo el dolor físico que deja una agresión hace que uno reaccione como lo hizo ella. 

La ayudé a sentarse en el yet y me fijé en las sombras moradas bajo sus ojos y los labios cortados por la deshidratación. Me senté junto a ella y abrí la mochila, buscando una botella de agua y un bocadillo. Busqué también el botiquín y saqué un sobre que eché en la botella. No soy médico, pero fui entrenado en el ejército con los conocimientos básicos para luchar contra los síntomas de la falta de agua y comida. Agité la botella después de volverla a cerrar y se la ofrecí. Ella la miró con ansia y temor, sin atreverse a beber.
 
-          Tómatela, contrarrestará la falta de agua y nutrientes.
-          ¿Quién eres?
-          Me envía tu abuelo – Su rostro se relajó en el momento que mencioné a Lee. Sentí que su confianza hacia mí se abría de golpe. Ella debía tener mucha fe en su abuelo para haber reaccionado de ese modo después de la traición que había vivido con su novio. – Somos Matt y Misha Adams, nos acabamos de casar y vamos de luna de miel a las Seychelles. Es todo lo que sabrás de momento.

Niki, Misha a partir de ahora -debía acostumbrarme a su nuevo nombre- bebió un poco de agua y cerró los ojos, apoyando la cabeza en el respaldo del asiento.

-          Gracias, abuelo…
Musitó, y no volvió a abrir la boca.

El avión despegó y los dos miramos por la ventanilla. Nadie había salido a buscar a la fugitiva Niki Zen, pero aún era pronto para relajarse, en cuanto saliéramos del área del aeropuerto, podría dar por terminada la misión de escape. Misha en cambio, empezaba a mostrar señales de que su cuerpo empezaba a abandonar la tensión de todo lo que había vivido en estos meses.

Su cabeza cayó a un lado lentamente y su pecho se movía con una respiración lenta y tranquila. Le quité la botella y el bocadillo de las manos y lo volví a guardar en la mochila. Tenía un rostro bonito tras las secuelas físicas del sufrimiento que aún se reflejaba en su cara. Poseía unas pestañas largas y espesas que poco tenían que ver con su sangre oriental, y unos labios carnosos y sonrosados que parecían hacer un mohín todo el tiempo… Y sería conveniente que yo recordara, que se trataba de un trabajo, antes de que siguiera analizando el resto de su cuerpo.

El viejo Zen había establecido en principio un mes de alejamiento, hasta que pudieran limpiar el nombre de Niki y las cosas se apaciguaran. Y yo empiezo a preocuparme de cuál será mi reacción si paso todo ese tiempo con su nieta. El viejo Lee no es para tomarlo en broma. Y Niki Zen, Misha Adams, ahora solo muestra los vestigios de una chica bonita, pero en pocos días, cuando se recupere sé que será una mujer malditamente sexy y atractiva.

Hija de Garfio, por Samuel Lara



Desde que nací fui separada de mis padres, nunca les conocí. Mi historia es extraña, larga y oscura, un pasado lleno de sufrimiento y mi caída al infierno de la vida. Hace unos meses descubrí que había nacido con compañero, no uno cualquiera, el dichoso por no decir otra cosa peor, chico del que llevo años intentando deshacerme. Hemos sido enemigos desde hace años, ¿por qué tiene que pasarme esto a mí? No he hecho nada malo, salvo ser responsable de alguna que otra catástrofe.

El viaje en avión ha sido incómodo, no solo por el de al lado, sino por los pensamientos que rondan por mi mente. Ahora que todo está arreglado soy una persona nueva, una chica con luz en su interior y varios motivos por los que vivir.

Jake me espera en el aeropuerto, junto con mis padres, el capitán Killian Jones, cuyo mano izquierda fue amputada por el ser oscuro y mi madre, Mila, un mujer que dejó a su marido por un pirata el cual tuvo que enviarnos a mi hermano y a mí a otro mundo para protegernos, ¿he mencionado que el exmarido de mi madre era el propio ser oscuro?

_ Nymeria, estás, más gorda_ dice mi hermano observando mi barriga.

_ ¡Jake! No le digas eso a tu hermana, aunque  estás más grande _comentó mi padre intentado arreglarlo.

_ Es una historia de la que aún no quiero hablar _les contesto.

Aún tenemos que esperar el vuelo que nos llevará a Maine, el lugar donde se encuentran los residentes del bosque encantado. Me voi a tomar el aire fuera.

_ Desembucha  Nymeria, sabes que lo acabaré descubriendo _me dice Jake.
_ Me fui lejos, quería vivir una vida normal y lo intenté, pero me enamoré de un imbécil que me dejó embarazada y luego se largó_ le conté _ esa es la dichosa historia.

_ Dime una cosa, si tan imbécil era, ¿habrías querido que se quedase? _me preguntó.

Mi hermano siempre ha sido muy peculiar, con respuestas para todo, no me preocupa estar a su sombra, siempre será la ala que me cobija.

Ese odio que antes me invadía ya no existe. Sus ojos reflejan la mirada de un líder, alguien capaz guiar a la humanidad a la salvación. Estaba perdida hasta que aquel pequeño dragón me mostró lo que puede hacer alguien a quien le importa más la vida de los demás que la suya misma, moriría por sus seres queridos. Por el altavoz se escucha la llegada de nuestro vuelo, es hora de partir.

En el avión, mi padre se sienta al lado de Jake, están muy unidos y mi madre está a mi lado, he perdido demasiado tiempo siendo una villana y estoy pagando por ello. Jake me mira, ser gemelos nos permite entrar en la mente del otro y esa capacidad en él es más fuerte. Esos ojos otra vez, castaños con una intensa luz. Bajo la mirada mientras sonrío levemente. Despegamos hacia el cielo, el viaje hacia la redención comenzará al aterrizar. ¿puede un villano tener un final feliz?

Entre mis recuerdos, por Juan Carlos García Reyes



Cuando la pena cae sobre mí 
el mundo deja ya de existir, 
miro hacia atrás y busco 
entre mis recuerdos 



Sentada en el aeropuerto, en los duros e incómodos bancos de la terminal de este lejano lugar apartado de toda civilización, me pregunto una y otra vez, ¿por qué sitúan estas construcciones tan lejos de la ciudad, será para que nos vayamos acostumbrando a romper los lazos que nos unen a ella? Debe ser así, ya que mirando al exterior me embarga la melancolía y afloran sensaciones que creía olvidadas, aparcados en un escondite de mi alma.

Disfruto viendo el esplendor que es poder observar las estrellas en esta maravillosa noche de primavera. Noche clara de luna pura y cielo moteado de infinidad de puntos blancos. Noche que ilumina con tenue luz la campiña que rodea el lugar y hace imaginar, incluso llegar a sentir, la suave brisa que mece la aparente calma.

Siento tener que marcharme y no poder admirar una vez más la sublime belleza que me rodea. Lamento tener que irme, tener que partir después del desengaño sufrido. Espero medio dormida, por el abandono provocado por el desencanto de la huida, que se acerque la hora para embarcar y poner rumbo de nuevo a mi ciudad, a mi rutina, a mi familia, a mi hogar. Seguro que al llegar a mi destino añoraré el tiempo vivido. Todo lo disfrutado, lo sentido, pero también tendré el remordimiento, el resquemor, la pena y la tristeza, de haber tirado por la borda lo que pudiera haber sido un futuro prometedor. Algo distinto a lo conocido, que hubiese cambiado mi vida, mis sentimientos y mi alma.

Triste, cabizbaja y desolada, siento que la esperanza se evapora como las gotas de rocío, cuando el sol de esta tierra se levanta por las mañanas inundando todo de una luz celestial. Pero ha sido una decisión meditada, tomada en conciencia de las circunstancias que me rodean. Al fin y al cabo me repito continuamente, tal vez para consolarme, para poder seguir siendo una mujer equilibrada, que no se puede abandonar todo cuando el miedo al futuro te embarga y la frustración anida en tu corazón. Por eso me llevaré el momento y lo guardaré feliz entre mis recuerdos.