lunes, 28 de octubre de 2013

Hora: las 5 y 23 minutos, por María del Mar Quesada.


La llamada que temía, llegó. Llegó un viernes por la tarde a las 5 y 23 minutos. La llamada era de su hermana para comunicarle que su abuela se estaba muriendo, aún estaba consciente, así que podía  ir si quería despedirse de ella.

Fabián sabía que esta vez tendría que ir, no podía escudarse otra vez en el trabajo, como había hecho en los últimos meses. Él no podía confesar abiertamente que no sabía cómo enfrentarse a ciertos miedos, y uno de ellos era la enfermedad terminal de una de las mujeres más importantes de su vida, su abuela María.

La última vez que la visitó fue en Navidad, se aventuró a visitarla solo, y cuando salió de la casa, Fabián se sintió confuso, apenado, triste y furioso. Le impactó tanto el deterioro físico de su abuela, una mujer convertida en  un  saquito de huesos y piel con el pelo blanco, corto y la mirada perdida, que decidió  negar la evidencia de lo real, esconderse y  no viajar al pueblo.

Pero aquel viernes de mayo sabía que tendría que ir. Llegó al pueblo el sábado por la mañana y se dirigió a casa de su hermana, como ella no estaba, se quedó con sus sobrinos charlando cerca de una hora. Mientras se dirigía andando a la casa de su  infancia, se detuvo con todos los vecinos que encontró a su paso. El tiempo apremiaba, pero Fabián lo dilataba.

Cuando llegó, le abrió la puerta su hermana y ésta se echó a llorar, él pensó que había llegado tarde, pero ella le comentó, entre sollozos, que había pasado toda la noche llamándolo, parecía que lo estuviera esperando. Entró en el dormitorio de su abuela y se encontró un ser que no tenía nada que ver con aquella mujer fuerte que lo había criado. Tenía los ojos cerrados, parecía dormida, Fabián se sentó en la cama, le tomó la mano y dijo en voz baja:

-          Abuela,  soy Fabián, tu nieto.
María abrió poco a pocos sus ojos ciegos y preguntó:
-          ¿Fabián?
-          Sí abuela, tu nieto.
-          Mi nieto, hace tiempo que no lo veo.
De pronto, Fabián sintió como la olla a presión llena de emociones contenidas que  guardada en su interior, estalló. Rompió a llorar, un llanto callado que le abrasaba. Se acercó más a  su abuela y le susurró al oído entre hipidos:
-          Abuela, lo siento… Siento no haber venido a verte, he sido un cobarde. No quiero perderte. Abuela, te quiero. Eres la mujer más importante  de mi vida. Te quiero tanto,…abuela…



María cerró los ojos, respiro lentamente, levantó torpemente el brazo para buscar la cara de Fabián y  éste  le sujetó su mano huesuda.

-          Fabián, mi nieto… es un niño tan sensible. Él  quiere ser fuerte y parecer fuerte, pero su corazón está muy dañado… Perdió a sus padres tan pequeño…. No viene  porque le da miedo verme enferma y vieja,… Mi pequeño. Lo conozco… sé que me quiere, siempre me lo dice en voz baja, teme que si lo dice en alto, me apartarán de su mundo.... Fabián, estoy muy cansada, cuida de nuestro nieto y dile que lo quiero mucho y que estaré con él, siempre.

El brazo de  María se deslizó hasta la cama, sus ojos cerrados se relajaron. A las 5 y 23 minutos, dejó de respirar y dejó este mundo. El médico confirmó el fallecimiento y puso en el informe, hora del deceso: las 5 y 21 minutos.

Cuando Fabián lo leyó, pidió rectificar la hora y lo explicó:


-          Mire doctor, ha fallecido las 5 y  23 minutos. Si le quita los últimos dos minutos, a ella le arranca  vida y a mí me quita sus palabras. Yo sé que suena ridículo y que dos minutos parecen nada, pero para ella han supuesto morir en paz, y para mí, suponen  paz en mi vida.

La gata que quería zapatos rojos de tacón, por Carmen García Vázquez.



Las pesadillas no le habían dejado dormir, gatos maullando, insectos revoloteando, calor, sudor....había pasado mala noche. Ya lo habían anunciado en televisión, abriendo todos los informativos "ola de calor con temperaturas históricas no conocidas desde hace 50 años" Y como siempre aparecían imágenes de Sevilla y sus termómetros superando los 45º. Somos noticia por el calor y el folclore, cuantos tópicos, pensó.

Decidió salir a la calle a despejarse y tomar la temperatura de la ciudad por si misma.

Solo tenía que asomarse al balcón del ático para divisar la más reciente y polémica de las construcciones públicas de los últimos tiempos, el Metrosol Parasol ótambién llamado popularmente "Las Setas"  y algunas cosas más que solo se les puede ocurrir a los sevillanos con su particular guasa.
A ella, en realidad, le gustaba le parecía una obra interesante aunque desmedida para el reducido espacio de la plaza que ocupaba, y no podía dejar de reconocer que había revalorizado la zona ya que hasta entonces deprimida y excluida del casco histórico.

Caminaba lentamente entre los pocos viandantes que a esas horas de la mañana y siendo segunda quincena de agosto habían salido con la excusa de encontrar la super ganga de las rebajas. No sabía porque tenía fijación por el calzado y no podía evitar mirar a todos con cuantos se cruzaba. Realmente la gente se cuida poco los pies y algunos modelos hacían daño a la vista y a su sensibilidad estética. Tenía su preferencia, zapatos de salón color rojo, esos siempre le hacían mirar hacia arriba para ver quién los llevaba y si el resto de su look iba en consonancia. La mayoría de las veces eran mujeres atractivas y seguras de si mismas. Normal un zapato rojo de tacón no lo lleva cualquiera. Disfrutaba mirando los escaparates, aunque en rebajas no tenía mucho interés, carteles que decían "todo al 70%" o "SALES" seguro que los británicos no usan nuestro lenguaje como reclamo, así somos para todo.

Mientras caminaba pasó rápidamente por delante de un espejo, se paró en seco, sacudió la cabeza y volvió sobre sus pasos dando marcha atrás, parpadeó varias veces para asegurarse que la imagen reflejada era la suya.

Siempre se había sentido muy felina con sus ojos azules, luminosos y mirada misteriosa incluso por su andar grácil y sensual pero no podía ser  que semimetizarse hasta ese punto. ¿Que había pasado con su cuerpo?¿Que extraño pelaje le cubría? No se reconocía. Un vistazo rápido por toda ella y se paró en su pezones que estaban apenas a un palmo del adoquinado caliente, maloliente y sucio. ¡Oh Dios! descalza y totalmente desnuda, frente al escaparate de su tienda de zapatos favorita en la zona mas comercial y transitada de la ciudad. Su impulso inicial fue el de cubrirse sus partes intimas con las manos, pero no tenía manos sino patas. 1...2...3...4 las contó para asegurarse y descubrió que en lugar de dedos había garras.

Se asustó cuando de manera instintiva avanzó, con cierta agresividad, su pata delantera izquierda en modo de ataque a un gorrión espabilado que intentaba hacerse con un caramelo pisoteado, el pájaro que ya sabía latín con cuatro aleteos se elevó hasta la marquesina de la tienda esperando una nueva oportunidad. Fue como ver un documental de National Geographic en 3D.

Su agudizado olfato de gata le recordó que tenía hambre, llegaba el olor a fritura desde el bar de la esquina donde siempre había algún guiri que se compadecíade ella y le daba de comer, y con la misma sutileza que se acercaba se marchaba a recorrer mundo tras haberse saciado.

En realidad le gustaba ser gata, le daban cierta pena los perros. Tan dependientes...salir a pasear atados a sus dueños y hacer las necesidades ¿a quien le gusta que otros recojan sus cacas? No era muy digno la verdad. Con lo divertido que es mirar sin ser vistos, ir de tejado en tejado, deambular todo el día y a media tarde volver al hogar.

Divisó la terraza del ático del edificio antiguo, recientemente restaurado, que le resultaba tan familiar. Saltó y se posó como si fuera una artista circense en el estrecho pasamanos de la balaustrada de mármol. Caminó como solo lo hacen los gatos, despacio y con la cabeza alta, desde la calle algunos niños miraban y señalaban admirados de esa habilidad suya que para ella era de lo más normal. Se acercó al ventanal con las contraventanas entornadas, de madera de teka, que aunque nuevas, ya tenían las marcas de sus afiladas uñas. Era su entrada particular a su palacio.

Percibió el olor de perfume algo dulce que embargaba toda la estancia y vio la figura de una mujer que caminaba desnuda y descalza por la moqueta, tan grácil como ella misma. Su ronroneo hizo que la mujer se volviera y sus miradas se cruzaron, ojos azules y felinos de mirada penetrante.


Bajó por el reposacabezas del sofá capitoné  de terciopelo rojo algo gastado. Se acercó a la mujer y arqueando la espalda frotó la cabeza contra la pierna desnuda de la mujer, haciéndole creer, como siempre, que era un gesto de alegría por el reencuentro pero en realidad era su manera de marcar territorio y de impregnarse mutuamente de la feminidad felina que ambas derrochaban....extraña simbiosis gata-mujer.

Como una familia cualquiera, por Sonia Quiveu.


Todo comenzó un domingo de otoño cuando me desperté y vi el otro lado de cama vacío. Me levanté y busqué a mi pareja, estaba en el garaje, junto a nuestros coches y una serie de cochecitos miniaturizados que correteaban a su alrededor, quemando ruedas como si estuvieran en un rally.

-          ¿Dónde has comprado eso? – Le pregunté emocionado al ver aquellas cositas moviéndose a toda velocidad.

Al principio me reí de la cara de mi pareja, parecía estupefacta con los cochecitos, pero rápidamente me di cuenta de que no había mando ni nada que dijera que los “micromachines” eran teledirigidos. Entonces mi sonrisa pasó a un frunce de ceño mientras me fijaba en nuestros coches… estaban un poco sucios, cosa extraña en el de mi novia porque era nuevo y lo habíamos traído el día anterior, era la primera noche que pasaba en casa.

-          No… - Levanté la mano intentando encontrar una explicación lógica a lo que estaba deduciendo, pero era imposible encontrarla.

-          Yo he pensado lo mismo, ¿qué otra cosa puede ser? – Me respondió ella, dando por lógica la conclusión.
Me encogí de hombros, no supe qué responder. Por suerte mi novia, que es una persona muy resolutiva, se puso manos a la obra y se fue a la farmacia a buscar cosas para los “bebés” mientras yo me quedaba cuidando de los cochecitos.

Eran unos torbellinos, algunos habían incluso desgastado las ruedas y le colgaban los hilitos de goma por los bordes. Había dos de ellos que animaban a que los otros corrieran abriendo y cerrando el capó y las puertas, se me escapó un “ohhh” al verlos emocionados cómo seguían la carrera de sus hermanos. Uno de los que participaban iba el primero con ventaja.

Por curiosidad cogí a uno de ellos para mirarle el motor, creo que no le hizo mucha gracia que lo sacara de la competición, porque empezó a pitar y rodar las ruedas como loco cuando lo puse boca arriba, como si me estuviese metiendo prisa para que lo soltara.

Alucinado examiné su carrocería, se parecía tanto a mi coche que no pude dudar que era el padre de este enano. Una sensación de orgullo me inundó ¡Qué muchachote! Un día a solas con el coche de mi novia y ya tenía unas réplicas diminutas de ellos dos.

Mi pareja llegó cargada de todo; chupetes, gasas, y hasta traía anticongelante, aceite y una lata llena de gasolina con unas jeringuillas para surtirlos en sus pequeñitos depósitos. Supuse que tendrían que comer. – Dijo ella cuando me plantó las latas ante los pies, alimentarlos iba a ser cosa mía. Aunque no comprendí lo de los chupetes hasta que se los colocó en el capó y se quedaron quietos y entretenidos con el chupeteo, y empezaron a manchar los retalitos de gasas de aceite sucio.

Con el tiempo los coches pasaron a tener el tamaño de los teledirigidos.

Los padres de los niños nos miraban descolocados cuando íbamos de paseo hacia las pistas de minicars con una hilera de coches pequeños siguiéndonos y sujetos con correas para que no se escapasen, pero se descuadraban más cuando empezábamos a animarlos mientras se desfogaban dando vueltas enloquecidos por las pistas.

Seguimos cuidando de ellos en esta vida surrealista que nos ha tocado en la que intentamos adaptarnos con la mayor normalidad, con la excepción de que nuestras crías no son niños, sino unos pequeños vehículos que van creciendo poco a poco hasta que sean adultos.

Ahora están en la adolescencia y hemos decidido no sacarlos durante un tiempo, no es plan que la familia aumente. Ya no damos a basto en seguros, impuestos y revisiones, como para arriesgarnos que en una salida nos vengan chocados, o peor aún, nos traigan a casa otros coches.


Aún nos estamos planteando qué vamos a hacer cuando sean adultos, qué profesión les vamos a buscar, si la de taxi, coche de policía, de vigilancia… dos de ellos sabemos que son coches de carrera, lo llevan en los manguitos. Los iremos observando y dependiendo de la personalidad de cada uno, así decidiremos su futuro.

El Saco, por Carmen Gómez Barceló.


Por favor, que no esté, que no esté…suplicaba a no sabía quién, a cualquier deidad que pudiera atender a una niña perdida en medio de la noche.

 Cuando decidía salir de mi habitación, en la puerta de mi cuarto aparecían dos enormes guardianes de plata custodiando la salida. Eran tan altos que sus cabezas llegaban hasta la parte superior del marco de la puerta y tan fornidos que entre los dos no dejaban hueco alguno por donde escabullirse. Yo les empujaba con todas mis fuerzas aunque  parecían no querer moverse,  pero luego ellos compadeciéndome de mí, se separaban un poco y me dejaban escapar por algún resquicio, entonces sentía un poco de alivio, pero  cuando conseguía recuperar el aliento seguidamente, delante de mí, se encontraba  esa cosa horrible, terrorífica y siniestra, el  maldito saco negro. Allí estaba, inmóvil, esperando paciente a que me decidiera a saltar por encima de él. Era la única alternativa ya que la  horrenda saca se encontraba en medio del  pasillo  que había de atravesar para acceder al cuarto de mis padres donde podría descansar en paz. Ellos, ajenos a todo dormían plácidamente.

Yo sentía cómo el saco observaba cada uno de mis movimientos; mi respiración agitada, cada gota de sudor… Me conocía demasiado bien, eran muchas lunas la misma escena. Pero esa noche ante la indecisión de pasar por encima del siniestro talego  o volver a confiar en la misericordia de los hombres de plata,  preferí quedarme allí a esperar sentada en el suelo, pegada a la pared, atreviéndome a mirar de frente por primera vez al espantoso objeto.

Pasaron unos interminables minutos y cuando empezaba a serenarme, el saco pareció moverse tímidamente. Un frío desconocido inundó la estancia, la adrenalina corría a sus anchas por todo mi cuerpo mientras aquello parecía que ganaba en altura; Como si alguien que hubiese estado dormido dentro de él, comenzase a ponerse en pié. Poco a poco  la amorfa masa negra se me iba acercando como si quisiera invadir mi espacio, si, quería que yo retrocediera, que volviese a mi cuarto una vez más. Esperé un poco y empecé a sentirme cada vez más fuerte, más valiente con la suficiente entereza como para gritarle ¡Vete! ¡Fuera de aquí! Lo miré fijamente y simplemente se desvaneció. Hasta los guardianes de plata desaparecieron. Respiré hondo y mi pecho recibió una oleada de aire tan limpio que llenó de paz mi alma.


Esa noche pude dormir tranquila, pero sólo esa noche.

miércoles, 23 de octubre de 2013

El Fantasma de Ella, por José Manuel Rodríguez de Haro.



Algo les pasaba a mis manos.

Primero empezó como una leve grieta en el dedo índice derecho. Así se mantuvo durante unos ocho meses. Después se extendió al resto de los dedos de la mano diestra. A los dos años, ya se habían visto también invadidos los de la izquierda. Eran unas rajitas rojas rodeadas de manchas blanquecinas. No me impedían desarrollar una vida más o menos normal, pero llegaban a escocer lo suficiente para que me recordaran,
durante todas las horas de insomnio, que estaban ahí y que no pensaban irse en un breve plazo de tiempo.

- Mire -me dijo el médico-, eso que ha desarrollado se llama psoriasis, es hereditario y no se cura nunca. Morirá con usted.
Yo me sentí muy apesadumbrado, pero en seguida me repuse y le pregunté:
- ¿Y no existe algún alivio, algo que me haga olvidar este escozor durante un tiempo al menos?
- Hay cremas, sobre todo de urea, que le serán de gran ayuda. Le voy a recetar una que ha salido al mercado hace poco y que está dando muy buenos resultados.
Cogí el papel que me tendió, salí dándole las gracias y enfilé mis pasos hacia la farmacia más cercana.
Ya en la casa, me apliqué el remedio sobre todos los dedos y me recosté sobre el sofá para descansar un rato y dejar que la pomada hiciera su trabajo. Me quedé dormido.

Soñé.

Desperté con la sensación, en la boca, en el gusto, de que me había comido una suela de alpargata. Había soñado que una mujer, vestida de verde, me había estado acariciando las manos, al tiempo que me decía “no temas, no temas”, una y otra vez.

Fui al lavabo a lavarme las manos, pues las tenía grasientas de la pomada. La psoriasis, al contrario de lo que yo esperaba, seguía allí. Entonces…, el sueño…, ¿para qué, para qué tanto sueño?

Ella se despidió con una sonrisa cómica.

La Reina y el Pirata, por Samuel Lara.


En un reino de otro mundo diferente al nuestro, existía una mujer de ojos oscuros y cabello negro como la oscuridad misma. La mujer conoció a un poderoso rey que podía proporcionarle lo que quisiera, él la amaba, sin embargo ella no sentía amor, sino un afecto que no entendía. Para que el reino no cayese, ambos se casaron e hicieron lo que estaba en sus manos para que la gente del reino no sufriera. Al cabo de unos años, tuvieron un hijo, pero que no sería rey en el futuro puesto que un reinado no estaba determinado por la familia sino por la persona.

Un día, mientras la reina paseaba por el muelle para tomar aire fresco, vio un barco de gran belleza y dureza, capaz de sobrevivir miles de tormentas gracias a la madera de la que estaba hecho el barco, que era un tipo de madera encantada por una magia antigua.


_ ¿Le gusta?, es el barco más veloz y seguro que existe-dijo una voz detrás del timón del barco.

Era un hombre de ojos bellos con mirada segura pero burlona, vestido de cuero negro, era el capitán del barco.

Cuando sus miradas se cruzaron el tiempo dejó de avanzar por unos segundos, ambos se enamoraron en el acto. Empezaron a hablar de las hazañas de él, ella no parecía querer que las historias no acabasen, al mismo tiempo se daba cuenta de que ella también quería ver mundos y vivir arriesgando si temer a perder pues ella creía que hasta la muerte, no se podía perder nada.

Esa noche, la reina le contó a su marido lo que le había ocurrido, ella temía su reacción, pero le sorprendió ver en su rostro, una sonrisa. Al rey solo le importaba la felicidad del reino y de su mujer, de la que anuló su matrimonio y la dejó marchar durante tres años. Cuando volvió le contó al rey todo lo que había visto, pero enseguida una extraña mujer con harapos y ojos cosidos les interrumpió, era una profetisa.

_ Vengo a pronunciar la profecía del próximo rey, _decía mientras los dos temían lo que iba a suceder_ “Al cabo de nueve meses nacerá el elegido, pero solo uno de vosotros será de su sangre, no será humano, será el ser definitivo, hasta que empiece su búsqueda dentro de veinte años, ambos se exiliarán en dos mundos diferentes al suyo”


Al cabo de los nueve meses, ella tuvo mellizos, un hijo de ojos oscuros y cabello negro al igual que su madre, sin embargo su hermana era muy diferente. Después de las separación de los tres hermanos y antes de su exilio el rey le preguntó por el nombre del padre del chico y ella le contestó que probablemente nunca lo volvería a ver, aun así  pronunció el nombre por el que le conocían. “Hook”.

Dioses de la Intolerancia, por José García.


El invierno de 1994 daba sus últimos coletazos; pensativo y reclinado sobre el sillón Pedro, observaba como el coñac empañaba la copa cuando lo agitaba para percibir sus aromas o tras cada pequeño sorbo para disfrute del paladar. Sin embargo repasaba una y otra vez lo acontecido estas últimas semanas, desde la llamada temprana, que casi le saca de la cama, del viejo profesor Fulgencio Sánchez. Le interesaba por los restos aparecidos en las obras de un parking subterráneo en Sevilla, al parecer relacionados con los hallados anteriormente en las obras de remodelación del antiguo Cuartel de Intendencia, hoy sede de la Diputación Provincial de Sevilla.

Efectivamente, los restos aparecidos en aquellas obras estaban relacionados entre sí, y no había la menor duda, se trataba de un cementerio o necrópolis hebrea, los enterramientos estaban alineados, con estructuras simples abovedados con ladrillos, en ataúd sobre tierra con el difunto en decúbito supino, sin ajuar y con la cara mirando al Este, es decir hacia Jerusalén. Aunque sí solían acompañar el enterramiento con los libros del difunto, y entre ellos en una de las tumbas se encontró una especie de diario asombrosamente conservado, su lectura estaba llena de belleza pero también de dolor e incomprensión.

El autor del diario parecía ser o llamarse Yosef, al menos así se desprende del manuscrito:  

…”Desde que cumplí los 17 años, asisto cada mañana a la Yeshivá (Centro de Estudios del Torá y Talmud), no es que sea profundamente religioso pero lo hago con ilusión, pienso que es conocimiento y preparación para una vida que has de vivir y compartir con los demás, al tiempo que colaboro en el negocio familiar.”

…”Cada día, camino de la escuela me detengo ante ese patio, simplemente su contemplación es un espectáculo. El zaguán es amplio enlozado en mármol, su interior está lleno de luz. En el patio y bajo el pórtico o zona arcada las paredes exhibían un zócalo alicatado; de frente, al fondo igualmente alicatado, una fuente vierte agua sobre un pequeño pilón. En el centro del patio una pequeña palmera, alrededor y repartidas por todo el patio un centenar de macetas, aspidistras, helechos, nardos, geranios y junto a cada columna una planta enredadera, entre ellas un jazmín, que suben por las mismas hasta alcanzar las rejas de balcones y ventanas para desde ahí volver a colgar hacia el patio con sus pequeñas florecillas blancas, rojas o azules.”

…”Observo el ceremonial diario de la persona que cuida ese patio, lo hace con mimo y delicadeza pero al mismo tiempo con la energía necesaria para su poda. Le conozco de entrar en el comercio de mi padre, y como si estuviera entre las plantas, sus movimientos son siempre acompasados, serenos, parece una persona seria y callada.”

…”Hoy el cielo está limpio, su azul es intenso, el sol amanece con fuerza por lo que será un día especialmente caluroso. Llevo años contemplando este patio y a la persona que lo cuida, con la que a pesar de ser joven como yo, no había cruzado conversación alguna más allá de un saludo o comentario sobre las plantas o en el comercio para atenderle, jamás le había mirado de manera que no lo hubiera hecho con otras personas, pero ayer cuando me detuve frente al patio, le vi junto a la fuente se echaba agua, tenía el torso desnudo y mojado las gotas de agua le resbalaban brillando sobre su piel morena al reflejo del sol, algo cambio en mi cuerpo pues por primera vez le estaba mirando distinto, cuando se percató de mi presencia se oculto, yo retrocedí, salí a la calle, estaba un tanto azorado no comprendía que me había pasado ni mi reacción.”

…”Desde ese día nada es igual, mis ojos ven distinto, mis pensamientos no son míos, me siento realmente confuso.”
…”Mi padre esta achacoso no se encuentra bien de salud por lo que paso la mayor parte del tiempo en el comercio, hace unos días, a punto de cerrar y mientras revisaba unas mercancías le vi entrar, mientras miraba el género le miraba como nunca lo había hecho,  me acerqué y sin pensarlo le besé. Moshé, que así se llama, mostró sorpresa pero no rechazo, levantó la mirada y poniendo una mano sobre mi hombro, dijo tranquilo “no te preocupes” y marchó en ese momento.”

…”Viví días de zozobra temiendo su reacción, pero todos mis miedos se disiparon, el siguiente encuentro fue afable por su parte y compartimos más de lo habitual, lo cual me confortó gratamente.”

…”Nuestra relación se hace cada día más cercana, compartimos cada vez más nuestras preocupaciones y alegrías, lo cual nos hace disfrutar de momentos de felicidad.”

…”Felicidad que no puede ser completa pues nuestra más intima relación hemos de mantenerla oculta a los ojos de los demás, es una relación prohibida. Aunque nos une un sentimiento limpio y bello, como es el amor.”

…”La situación general, es decir las relaciones interconfesionales, se han ido agravando de forma alarmante, el deterioro de la convivencia se hace manifiesto por momentos, temíamos lo peor a primeros de año hubo un conato de asalto a la judería, pero en junio los peores augurios se dieron. Moshé y yo nos encontrábamos en el interior del comercio, todo nos cogió por sorpresa, escuchamos el tumulto y nos apresuramos a cerrar, pero fue tarde, entraron enloquecidos lo destrozaban todo, Moshé trato de impedirlo y cayó herido sangraba profusamente, traté de socorrerle y fui igualmente herido, perdiendo el conocimiento, posiblemente me dieron por muerto. Cuando desperté estaba en un lugar improvisado para atender a cuantos habían corrido la misma suerte, a Moshé no volví a verle jamás. A pasado el tiempo y las secuelas de aquello me hacen padecer cada día más, no sé si tendré la oportunidad de volver a escribir pues siento que las fuerzas abandonan a este agotado cuerpo.”


Pedro agotaba los últimos sorbos de coñac y reflexionaba observando el fondo de la copa. No entendiendo la cerrazón, cuando lo que se enfrenta son concepciones de un mismo dios. Y que la verdadera libertad está en reconocer la grandeza del ser humano, su diversidad.                                                                    


Fuerza de voluntad, por Matilde López de Garayo.


Margaret Michell consiguió el premio Pulitzer en el 1937, por su única novela,. También dejó claro que no volvería a escribir un libro. No le hizo falta. Obtuvo un éxito que ni ella misma pudo haber sospechado. En el 1940, llevada su historia al cine, alcanzaron la categoría de inmortales prácticamente todos sus personajes.

Quizás el libro no haya sido leído por tanta gente como visto la película pero, lectores o no, cinéfilos o no, personas mayores o jóvenes ¿Quién no reconoce la silueta de una mujer vestida con harapos, mirando al ocaso, aún más oscuro por los estragos de una guerra civil que dejó desolado a su país? ¿Quién no reconoce su postura erguida, orgullosa y desafiante con el brazo derecho alzado y en su mano un puñado de tierra, de su amada tierra, sentenciando las siguientes palabras?

 “A Dios pongo por testigo que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!”

Me imagino que ya habréis adivinado de quien hablo - Escarlet O´Hara-  y el libro - Lo que el viento se llevó - Y os hagáis la siguiente pregunta: Con tantos personajes en la literatura, ¿Porqué precisamente he elegido esté?

Quizás porque representa a una mujer decidida, de gran fuerza, que lo demuestra a medida que los acontecimientos  se ceban sobre ella y su familia, donde la guerra, el hambre, el desamor no son capaces de mermar su gran tenacidad

En los tiempos que corren, donde todos los principios se tambalean, donde mentalmente me intento agarrar a algún tronco que posiblemente va a la derriba, donde la imagen del ser Supremo en el que creía desde hace tiempo, se encuentra deslucida, donde el enemigo se disfraza de dirigente, ese que está ahí porque supuestamente ama su país, pero lo único que ama es su bolsillo..,

En estos tiempos necesito pensar que existen personas como ella, héroes aún sin descubrir, con un espíritu de lucha que le empujen a ir en contra de las leyes de la sociedad, una persona valiente en todas sus actuaciones, sin vacilación, con una  visión anticipada en el tiempo, espontánea, con un carácter tan contradictorio, pero a la vez tan humano, cumpliendo siempre sus promesas. Necesito saber que hay personas que son capaces de controlar los impulsos, como los controlaba ella, sus conductas y dirigir los pasos hacia donde ellos quieran.

Al fin y al cabo necesito creer que dentro de mí   existe esa persona que es capaz de canalizar sus acciones hacia un objetivo concreto, sin desviarse, sin disipar sus verdaderas intenciones por causa banales, superfluas, sociales, o familiares, saber que aunque la vida se ponga en contra mía puedo alzar la mano y retarla, quisiera ser un poco ella.

Son las doce de la noche acabo de terminar de escribir este relato y no tengo ganas de analizar profundamente todo lo que he querido decir, sólo se que me encuentro en un maremagnum  de dudas, de incertidumbre y porque no decirlo de miedos. Dejaré mis problemas encima de  la mesilla de noche apagaré la luz y como decía Escarlet:


“Hoy estoy muy cansada para pensar, ya lo pensaré mañana. Después de todo mañana será otro día...” 

martes, 22 de octubre de 2013

Contrastes, por María del Mar Quesada.



Disfruto el otoño, sus colores: el marrón como fusión de todos, el verde vida, el amarillo ocaso, el ocre de lo antiguo, de lo vivido, de lo amado, ocre atemporal. El silencio de la  mañana, el ruido de la noche fría que se calienta con un abrazo. La luz que decae al atardecer y huele a infancia, a cuaderno nuevo, a libro sin estrenar con tantos misterios que aprender, aunque al final sean realidades. El olor de una taza humeante de té negro, acompañado de la dulce compañía de una charla amarga.  Las castañas asadas en el fuego otoñal de una chimenea, el rumor de unas migas en el campo, el sabor de la conversación y la luz de una risa compartida.

No disfruto el verano del sur, tan largo, tan intenso, tan excesivo en la luz, en la temperatura, tan insomne. No disfruto nada las horas interminables de hastío, de dejadez obligada, de horas perdidas en la latencia de nuestro ánimo. La claridad intensa que daña la visión de los blancos y el calor del negro.

Sí, me gusta el otoño y el verano de otros territorios más al norte, sin embargo me quedo con el invierno de aquí. Lleno de alegría, de días vividos, de calidez en el día y frescura relajada en la noche. 

Sí, soy de contrastes, anhelo lluvia en verano y sol en invierno. A veces me pregunto: ¿seré  constantemente inconstante?

lunes, 21 de octubre de 2013

Qué le gusta y qué no, por Carmen García Vázquez.


Una pedalada detrás de la otra al son de la música, buen ritmo, siguiendo las instrucciones del monitor, es feliz. Deben ser las endorfinas, la glándula pituitaria está haciendo bien su trabajo, a falta de sexo y chocolate, maldita dieta, no le queda otra que recurrir al spinning para dejar de sentir la ansiedad que últimamente le embarga demasiado a menudo.

Se compenetra con la estática como hace tiempo que no le ocurre con un hombre. Sus piernas duras trabajan y el corazón, su músculo más debilitado, se acelera.

Aunque el ejercicio más duro es salir a la calle cada día con la sonrisa puesta. Ser la chica que siempre tiene buen humor;

-Es imposible que algo le vaya mal.... piensan al verla.
-Realmente ¿hay algo que vaya bien? se pregunta ella.


Busca señales que le orienten, esta tan perdida, mira el  reloj: las 20:02 otra vez un número capicúa, “alguien me manda un mensaje cifrado pero yo no lo capto, a ver si es más claro.”

Hoy la mochila pesa demasiado, parece que los pies se hayan pegado al suelo y como le angustia la sensación de no avanzar.

-Alas necesito unas alas es la única manera, batirlas fuerte y elevarme. ¿Cómo podría conseguirlas? En los desfiles de Victoria´s Secret las chicas las llevan ¿tendrán venta online?

No sabía cómo pero había ido pasando por la vida como de puntillas la suerte le acompañó hasta el día en el que aquel hombre se cruzó en su camino.  Su nuevo jefe un tipo de buen porte, hombros anchos,  líder nato, inteligente, culto… No podía creer que esa historia le hubiera ocurrido a ella.


Uno… dos… tres… arriba vamos ¿hay alguien que no esté sudando todavía? El grito del monitor macizo le devuelve al presente. Esfuerzo, sudor… casi al límite de sus pulsaciones el corazón bombea a gran velocidad la sangre fresca que su cuerpo necesita. 

Lo que me gusta y lo que no me gusta, por Carmen Gómez Barceló.



Después de entrar en mi memoria para encontrar algún personaje literario que tuviera algo que decirme, decidí salir de allí  ya que no encontré ninguno. Hasta yo misma me sorprendí de esta conclusión. No era posible no encontrar nada…¿Qué estaba pasando?  

No se me ocurría nada. Estoy convencida de que existen personajes literarios de los que se puede escribir, lo que pasa es que tengo que leer más. Luego decidí recurrir a intentar hablar sobre lo que me gusta o no me gusta de alguien conocido pues pensaba que sería más fácil, pero tampoco era capaz de ver todo aquello que me dijera algo bueno o malo de alguna persona. Pensando en los motivos que pudieran llevarme a esa conclusión creí encontrar la razón por puro convencimiento. 

Con el paso del tiempo he aprendido que son tantas y tantas las circunstancias que llevan a una persona a ser y comportarse de una manera u otra, que sería menester leerse varios tratados de  antropología, psicología, sociología genética etc. para poder calificarla sin demasiados errores. Los seres humanos, tenemos innumerables matices que desconocemos totalmente por lo cual siempre será sesgada la opinión que tengamos sobre alguno de ellos, .por consiguiente una vez que tengo claro que es imposible hablar de alguien con plenitud de conocimiento he decidido hablar nuevamente de lo que me gusta y lo que no me gusta. Me gusta la verdad , la verdad en todas sus formas, aunque duela, aunque asuste a pesar de que a veces no te favorezca.

Me gusta la lluvia cuando cae con fuerza  mientras se oye a lo lejos el rugir de la tormenta. No creo que pueda existir visión más bella ya sea real o inventada.

No me gusta la enfermedad ni la miseria, ni que mueran los niños. Ver que morían los niños me hizo dejar de creer en Dios.

Como es natural hay millones de cosas que me gustan y otras tantas que me disgustan, pero lo iréis conociendo a su debido tiempo. 

Poesía de Mari Carmen Vega López.



Mediante tu abrazo me transmites calor,
también percibo tu olor,
 y me quitas el profundo dolor 
que llevo en mi interior, 
soportando durante mucho tiempo, 
porque siento mucho temor,
a la soledad, 
y a la poca humildad que descubro
cuando estoy a la mitad de mi ser, 
sin creer,
qué me pudiera suceder.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Recuerdos de amor, por Vicente Sánchez Roncero.



Soy un hombre que amó durante mucho tiempo
salgo a la calle a contar mis lamentos
voy ligero sin un destino concreto
huyendo de mis recuerdos.


Entro en los bares para hablar con los camareros
o cualquier persona casual que me encuentro,
me pongo a beber para olvidar
y cuanto mas bebo mas recuerdo
que....

Soy un hombre que amó durante mucho tiempo.


Poema "Mis Ángeles", por José Manuel Rodríguez de Haro.

Imagen: G. Encheva



Las mujeres, con sus alas,
con sus faldas
y sus puñaladas,
ángeles blancos que van
de espalda, nunca de cara.
Las mujeres,
mis ángeles de la guardia
pretoriana.

El Campo, por Samuel Lara.

Sentir la brisa de verano, mientras estoy tumbado en la hierba escuchando música hace que recuerde esos tiempos en los que mi familia se reunía en las barbacoas que se organizaban en fiestas como cumpleaños, fiestas navideñas, comuniones e incluso reuniones familiares en las que las niñas organizaban pases de modelos. Con algunas canciones logro recordar esos días que pasaba con mis primos en una parcela con espacio para dos familias, también siento el tacto del clima en las habitaciones, este era frío  en invierno y cálido en verano.

Sin embargo, cuando ha llovido puedo recordar los días antes de empezar un nuevo curso y los días marcados en mi infancia y mi adolescencia en los que llovía.


Cuando no escucho música el efecto es el mismo, oigo las hojas de los árboles bailando al son del viento, el frescor de la hierba y el calor de la misma, ambos separados entre la luz del sol y la oscuridad de la sombra del árbol en el que estoy apoyado, no necesito mantener los ojos abiertos para ver lo que hay a mi alrededor, uso mis otros sentidos para oír los pájaros cantar, los árboles con sus bailes  acompañando al aire cual música para una persona. Uso el olfato para captar las flores y plantas que hay a mi alrededor, mientras sigo recordando mis felices días en los que disfrutaba con mis amigos en el campo de uno de ellos. Tan solo el olfato era necesario para adivinar lo que se cultivaba y lo que se criaba, una de las cosa que más me gusta era el compartir mi estancia con animales que viven sin temor a convertirse en lo que otros de su especie se han transformado. El campo es el sitio perfecto para olvidar la terrible realidad y vivir en recuerdos creando otros que no se asemejan a los que viviríamos en el mundo corrupto y egoísta en el que estamos.

martes, 15 de octubre de 2013

Qué me gusta y qué no me gusta, por José García.

“Gustar,” gustar es aquello que “produce satisfacción, placer o una sensación agradable,” por lo que nos sumerge en el fascinante mundo de los sentidos, donde se nos desvelan emociones y sentimientos nobles que se entremezclan con el mágico y alucinante mundo de lo onírico.

Estas sensaciones son relativas en lo temporal, pues son cambiantes en el tiempo; es decir, no nos gusta o deja de gustar lo mismo en las distintas etapas de nuestra vida, o simplemente las vivamos con distinta intensidad y en sus distintas expresiones; como puede suceder con el amor.

Me gusta amar y ser amado, me gusta el calor del hogar y el aroma del café recién hecho, me gusta el olor a tierra mojada, observar cómo se depositan o deslizan las gotas de lluvia en las hojas de las plantas o ramas de los arboles, me gustan las mañanas de otoño o el policromado que exhiben los campos en esta época del año, me gusta pasear por la montaña acompasado por los sonidos de la naturaleza, el arrullo del agua o el silbido que produce el viento al fluir entre las ramas de los arboles, sentirme pequeño en medio de su inmensidad, me gusta el sorbo de agua que recompensa el esfuerzo, contemplar las estrellas en una noche de verano, robar un beso bajo la influencia de su embrujo.


Me gusta creer en las gentes como elemento tangible, me gusta la sinceridad, el trabajo, el compromiso, la solidaridad; como valores que conciben a las personas individual y colectivamente, dignas y libres.

Por eso, no me gusta la manipulación mediática, ni las medias verdades que inducen al engaño; mientras, privatizan el Estado y privan de los servicios básicos a sus ciudadanos, no me gusta que la especulación juegue con el bienestar de todo un país mientras generaciones enteras de jóvenes quedan excluidos y marginados, no me gusta que se especule con el sistema público de pensiones, ni con la educación y sanidad pública, y mientras tanto aumenta el paro y reducen salarios, prestaciones y subsidios, no me gusta que casi una cuarta parte de la población se encuentre en el umbral de la pobreza.

No me gusta que el 1% de la población mundial posea el 43% de las riquezas, no me gusta que se juegue con el hambre del tercer mundo especulando con el precio de las materias primas (como el trigo, maíz, arroz, soja, etc.), mientras 19.000 niños mueren al día en el mundo por causas evitables, no me gusta que me engañen con armas de destrucción masiva o acabar con dictadores, cuando lo que persiguen es esquilmar las materias primas de esos pueblos, no me gustan las verdades absolutas, porque el mundo es diverso en su inteligencia, credo, filosofía, cultura etc., no me gusta el cinismo y la hipocresía que juega con la vida, el futuro y el sueño de pueblos enteros.

Para terminar, me gusta y siento fascinación por la vida cotidiana y por las gentes que, en su día a día, encuentran una expresión, con la que ponen de relieve sus peculiaridades y características que los diversifican social y culturalmente. Y aunque estamos en un mundo cada vez más globalizado; me gustaría pensar que mejor mágicamente unidos; no dejemos de soñar, pues nada es más libre que la imaginación. ¿Gustan?

Lo que me gusta y lo que no me gusta, por José Manuel Rodríguez de Haro.

Me gusta levantarme cada mañana y empezar un nuevo día. Este nuevo día vendrá cargado de lo de siempre, pero siempre habrá algo novedoso que lo hará distinto, único, irrepetible. Será un día más, también un día menos. Por eso busco desesperadamente un beso que me llene, que me espante estos presagios funestos. Hoy es un día, de esos que, nublados, rompen la monotonía. Haré lo de siempre, en apariencia sin norte ni sentido, pero me irá llenando de nueva sabiduría y renovada madurez. Aprenderé a estar bien conmigo mismo y con los demás. Saborearé los momentos sublimes junto a mi querida mujer y mis queridos hijos. Todo adquirirá el sentido que el paso del tiempo imprime a nuestros actos. Y daré gracias a Dios por todo lo que me es dado disfrutar cada jornada.

No me gusta no saber reconocer el bien que se me prodiga a manos llenas, a esas personas tan especiales e insustituibles que acurrucan mi existencia. 

Me gusta leer, escribir, escuchar música, asistir a representaciones teatrales, jugar con videojuegos maravillosamente diseñados, comer una buena comida, mejor en compañía, tomar cerveza con o sin, tapear en Granada, aprender nuevos contenidos y destrezas, tener la casa limpia y ordenada, viajar a mi pueblo para ver a los míos, volver a Dos Hermanas para reencontrarme con mis hijos, hacer sentir a mi amada mujer que es única y sublime, dejarme la piel en todo lo que emprendo. 

No soporto la injusticia, el sufrimiento ajeno, la sinvergüencería, la deshonestidad.

Me encanta pasear, viajar, conocer nuevas culturas, empaparme del arte y de las costumbres de otros pueblos. Algunas experiencias he ido adquiriendo a lo largo de mi vida sobre otros países y formas de existencia. Me alegra saber que no somos el centro de nada, sino una parte de un todo complejo y fascinante.

Me apasiona la antigüedad grecolatina, sus monumenta de todo tipo, la historia, nuestra literatura, hablar sobre lo escrito por otros, leer la Eneida de Virgilio (también las Bucólicas), en su lengua latina original, saborear sus aliteraciones y sinestesias, su perfeccionismo métrico y su mensaje profundo y pagano-religioso. También me gusta ir metiendo, poco a poco, la cabeza en el griego ático platónico, el reto de su lengua, su bagaje filosófico.

No me gusta que todo el mundo no tenga lo necesario para llevar una vida como Dios manda. No me gusta que el desánimo nos haga empantanarnos en nuestra miseria y nos enfangue de desdicha e infelicidad. Me gusta espantar todos estos fantasmas con historias que hablan de miedos y de engendros, de exorcismos que exorcizan nuestros más ancestrales miedos, paleolíticos temores.

Me gusta escribir, aunque prefiero callar cuando no se me ocurren cosas interesantes que contar. Por eso paso largos períodos en silencio. Cuando, por fin, abro la boca, salen poemas y relatos que no me parecen mal -algunos incluso me resultan dignos-. Me está gustando el taller de Sara Coca, la gente que lo integra. Me gusta que haya gente que comparte mis mismos gustos y pasiones.

jueves, 5 de septiembre de 2013

¡Comenzamos!



La nueva edición del Taller de Escritura Creativa de la Asociación Cultural Bohemia ya está en marcha.


¡Abierto el periodo de inscripción!



 Grupos reducidos

Comentarios personalizados

Ejercicios prácticos

Dos horas semanales

Más Información: 655.681615

martes, 16 de julio de 2013

Cerrado por Vacaciones

El Taller de Escritura Creativa de Montequinto cierra sus puertas hasta octubre. Tras un curso repleto de palabras, frases, sugerencias y relatos sorprendentes, es el momento de dejar volar la imaginación para regresar con nuevos proyectos e historias impresionantes. 

En septiembre abriremos el periodo de matriculación para los nuevos cursos, repletos de prácticas y grandes alicientes para escribir. Hasta entonces, feliz descanso a todos.