martes, 21 de octubre de 2014

Un día piniponesco, por Sonia Quiveu




La niña depositó al pon verde sobre una mesa de escritorio miniaturizada que pertenecía a Hello Kitty, le había pinchado en el pecho una corbata roja, y en la mano un bolso rosa de purpurinas con una estrellita de mar en el centro. Contempló el escenario con seriedad y sonrió satisfecha antes de irse a merendar.
El pon verde esperó a que la puerta del cuarto se cerrase y soltó una maldición antes de sacudir la mano intentándose quitar el pincho del bolso.
-          Te vas a llevar un año para sacártelo. Si no estuvieses tan gordo llegarías con la otra mano.
El pon miró unos segundos al azul que estaba sobre una tabla de surf con una melena a juego con su bolso, tenía una caracola pinchada en el pelo, y un maletín de ejecutivo en la mano. Decidió que no valía la pena contestar.
Siguió sacudiendo el brazo, concentrado en su tarea de quitarse el bolso de sirena.
-          No creo que puedas – Contestó otro pon, éste era amarillo – Esos pinchos vienen más grandes para que no se nos caigan. – Miraba al verde asomando los ojos desde un pupitre de los barriguitas, haciendo malabares para poder ver entre una tetera de las princesas Disney y un vasito de los pin y pon.
El pupitre era demasiado grande para que los otros dos pudieran saber si a él también le había puesto algún complemento femenino, pero no lo suficiente para notar que no llevaba pelo.
-          ¿Y tu pelo? – Preguntó el verde.
-          Hoy no llevo. – El pon amarillo miró de soslayo al azul y sonrió, mejor no llevar pelo que tener una melena rosa y brillante.
El verde leyó sus pensamientos y asintió estando de acuerdo. Se miró la mano en la que tenía el bolso y gruñó enfurruñado. Ya podría haberle puesto el maletín del que estaba en la tabla de surf, pero no, en su lugar tenía un bolsito ridículamente femenino que tendría que llevar en lo que supuestamente era un día de trabajo en una oficina donde sólo había hombres. Aunque a decir verdad, la supuesta oficina era más bien femenina: el escritorio donde estaba él era rosa pastel, la tetera del pupitre era blanca con la cara de Bella dentro de un corazón sobre fondo rosa, el vasito era azul con purpurina plateada, (ese podía pasar por neutro), y la tabla de surf tenía margaritas blancas y trazos rosas. En fin… el bolso tampoco desentonaba tanto, y de todos modos tenía que aguantarse hasta que la niña decidiera quitárselo.
Volvió a girar la cabeza hacia el pon azul, curioso por lo que debería haber sido su mesa de trabajo.
-          Oye, ¿Y tú por qué estás en esa tabla? ¿Es que estas de vacaciones?
-          Sí, surcando los mares con el maletín de la señorita Pepis. – El pon amarillo empezó a reírse de su propia gracia.
El pon azul frunció el ceño y señaló al amarillo.
-          Eh, tú. ¿A que juego a colarte el maletín en la cabeza?
La puerta del cuarto se abrió de golpe y entró, arrasando todo a su paso, un pompón de lana con cuatro patas. Los pons salieron disparados por el suelo.
El cachorro empezó a olisquearlos y le metió un lametazo al amarillo.
-          Joder, ¿Quién ha soltado al perro?
-          Habrá sido la niña. – El pon verde intentó mirar para ver a dónde habían ido a parar los demás, pero el pelo se le había vuelto y le estaba tapando un ojo, el único que tenía abierto.
-          ¡Por Dios! ¡Que alguien distraiga al perro! – gritó el amarillo, vícitima de las babas del cachorro de aguas.
-          Lo siento, tío, no llevo galletas encima – El pon azul se palmeó los bolsillos, haciendo un sonido de choque entre plásticos con cada palmada. Con el movimiento se percató de que le faltaba algo - ¡Mierda, mi maletín!
-          ¿Qué pasa? – El pon verde se fue a colocar el pelo en su sitió y se pegó con el bolso en la frente. Bufó una maldición y empezó a golpear el bolso contra el suelo, a ver si con un poco de suerte se soltaba.
-          ¡Que he perdido el maletín, tío!. Ha debido de soltarse cuando hemos caído de la mesa de juegos de la niña.
El pon verde dejó de golpear el suelo y la boca se transformó en un redondel perfecto.
-          Vamos no me jodas, ¿Qué se te ha caído el maletín y yo sigo con este bolsito ridículo?
El pon azul se rió a carcajadas.
En ese momento se oyeron los pasos de la niña. Todos se callaron unos segundos antes de que entrara en el cuarto.
La pequeña miró el estropicio que se había formado y miró al perrito.
-          ¿Qué ha ocurrido aquí?
El perro gimoteó sabiéndose culpable, y el pon verde estuvo a punto de decirle que había sido un accidente laboral, pero se contuvo a tiempo.
La pequeña cogió a los tres pons y los depositó en la casita jardín de pin y pon que le habían traído los Reyes Magos las navidades pasadas. Colocó una mesita delante de la casa y montó rápidamente un picnic.
Le cambió el pelo rosa por uno amarillo de varón al pon azul y le quitó el maletín. Lo desenganchó de la tabla de surf y le colocó el rosa al verde. A éste le quitó la corbata rosa y se la puso al amarillo, a quien le encajó un pelo corto naranja. Después sentó a cada uno en una silla alrededor de la mesa y luego desapareció como alma que lleva al diablo, seguida por el perro, que corría como un endemoniado detrás de ella.

Manual para herederos, por Samuel Lara

Noto una mano encima de mí, está fría, la persona que me ha creado yace sin vida, su sangre me dibuja una marca, un conjunto de tres espirales unidas cual aspas de un molino. Me elevo, observo a mi alrededor. En el suelo hay hojas de papel, velas apagadas, debajo de esa persona un dibujo con sal, una estrella de cinco puntas y otra igual que se unen por medio de las circunferencias en las que se encuentran. La habitación es redonda, sin esquinas, sin ventanas y sin puertas, algo que no es lógico. Entonces mi interior deja de ser blanco, en las primeras páginas aparecen caracteres de un idioma desconocido, cada palabra es una luz hacia el mundo, mi conocimiento es infinito, pero no permito que se escriba otra página. Existen seres malignos cuya misión es destruirme, al menos cuando existirán.

Debo encontrar a cada uno de los herederos del reino Ankoku no Hikari, perteneciente a un mundo en el que la magia, es el elemento energético, no hay electricidad u otros medios. Sin embargo sé que todavía ese reino no existe, cuando encuentre a la persona indicada, comenzará una nueva era.

Han pasado varios años, no hay manera de salir de aquí, al menos eso creo, sé muchas cosas pero mi destino es un misterio que no se podrá resolver. El cadáver de Creador (así lo llamé) es ahora un montón de huesos. Una luz empieza a iluminar las piedras de un lugar de la pared seguido de un estruendo. Una figura me coge en sus manos. En ese momento esa persona y yo conectamos nuestra magia, la torre desaparece y veo su rostro. Ojos rojos, pupilas doradas e iris azules, pelo largo y negro, labios blancos como la nieve. La chica vestía como un elfo, era una elfina mística, una de las criaturas más asombrosas que existen.

Su nombre es Alphetega, es la primera en ser reina de ese reino, aunque su viaje empezará ahora. En mi tapa hay una marca de sangre negra, ahora recuerdo, ese tipo debió dibujarlo mientras me creaba. Cada espiral corresponde a una clase de ser, Alpha, Beta y Omega, las tres personalidades que pueden tener todos los seres, líder, compañero y solitario aunque se le atribuye esta características a algunos animales que viven en manada, como los lobos.

Cuando me abre es capaz de escribir conjuros, hechizos, rituales e incluso sobre las criaturas que se encuentra como brujos o demonios.

Durante siglos sirvo a cada heredero del trono, pero el destino los escoge no yo. Yo solo soy un libro muy antiguo con información propia, ajena y carente de la que pueda hacerme daño o a quién sirvo.
Hoy ha nacido el ser que obtendrá el poder de ir a cualquier mundo y que vivirá en uno ajeno a ella hasta que cumpla cinco años. Hoy es treinta de enero de 1999, me encuentro en un baúl en el sótano de una casa en la que viven dos familias, dos hermanos y dos hermanas que se casaron y tuvieron una niña y un niño respectivamente cada una de ellas.

Alguien abre la tapa, un niño. Me toca con su mano izquierda y empiezo a brillar. Mi forma cambia de ser un libro viejo a uno con bordes dorados y tapa rojiza. Encima de la marca, que no cambia, se escribe en dorado la palabra Mahou en caracteres del idioma original. En la última página en blanco se escribe el nombre del siguiente heredero, Jake, aunque su apellido no aparece.

viernes, 17 de octubre de 2014

De Héroes y Sueños... por Matilde López de Garayo

Recuerdo aquella tapa de cartón duro y sus ilustraciones con dibujos de colores brillantes y alegres. De la extraña casa cilíndrica de paredes blancas con cuatro gigantescos brazos, representada en aquel papel satinado. El primer molino del que tuve constancia recortaba un cielo azul intenso. El cielo de La Mancha.

En el plano principal dibujados, dos hombres cabalgando. Uno, con un punto de locura gracioso en un caballo flacucho, el otro mirando de reojo a su compañero a lomos de un burro. Los cuatro personajes de la portada, humanos y cuadrúpedos, presentaban unas miradas avispadas y ávidas de emociones y aventuras. En la parte superior  más allá del cielo, con letras doradas, góticas y ondulantes, el título de aquel cuento: “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha” Y abajo un rotulo pequeño: “Edición adaptada para niños” Aquella portada despertó rápidamente mi curiosidad sobre la historia que contenía en su interior.

Ese ejemplar del Quijote calló en mis manos el día de mi primera comunión. El primer libro que leí voluntariamente y el que indujo a que la lectura fuera una de mis aficiones favoritas durante muchos años.

Era una época donde la televisión estaba casi vetada para los niños, excepto el programa del Hombre y la Tierra y poco más. A parte, cuando sonaba la música de “Vamos a la cama” mi padre nos mandaba a dormir “ ipso facto”.

Bajo las sábanas, con una pequeña linterna, leía torpemente aquellas páginas de letras grandes y simpáticos dibujos. Me quedaba ensimismada y mi excesiva imaginación conseguía hacerme partícipe de las maravillosas aventuras del insigne caballero y su escudero.  

Un año después nos trasladamos a Toledo y hasta los dieciséis años , en el colegio, sentada en una de las mesas separadas del salón de actos, con la mente y el papel en blanco, me concentraba en los exámenes mirando la pared. A un lado de la estancia se podía leer escrito en letras recortadas de cartulina negra el párrafo: ”En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme...” y en el otro “—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento...” ¡Cuántos años estuve leyendo aquellas frases...! Y... ¡Cuántas veces debido a mi abstracción me llevé una reprimenda por parte de la monjas!

Los fines de semanas salíamos al campo y mis hermanos y yo  con cañas o cualquier otro palo que encontrábamos en el lugar, improvisábamos valerosos rocines y fuertes lanzas arremetiéndonos contra cualquier cosa que se nos pusiera por delate, ya fuera un maizal o unos cardos borriqueros .

Aún hoy en día cuando visito a la familia en Alcázar de San Juan,  me desvío de la autovía hacia Herencia y al distinguir en lo alto de la loma, los molinos restaurados  evoco párrafos de mi libro favorito. A veces recorro la ruta del Quijote, me adentro por los caminos que pasan por Puerto Lápice, Campo de Criptana, el Toboso, Tomelloso, Almagro... Campos llenos de piedras, vides, cereales e historias de caballeros andantes, bajo nubes grises, amenazando una trorrencial tormenta o bajo un cielo azul intenso como el de aquel libro. Más de una vez en mis paseos solitarios, el viento forma  remolimos con la tierra y esas figuras de plovo se me  asemejan a aquel par de aventureros en busca de nuevos lances

A lo largo de mi vida muchas han sido las ocasiones dónde me he comparado con don Quijote, con su relativa locura no tan distante del resto de los humanos que se consideran normales, queriendo poseer su gran imaginación para poder  modificar la realidad. Porque si es cierto que innumerables veces he mezclado lo cómico con lo reflexivo, la ilusión con la desilusión, el  deseo con el rechazo, como él.

Escribo este relato en la soledad de la noche, recordando mi puesto de trabajo. Mi mesa y las de mis compañeras puestas en hileras, un habitáculo frío y funcional. Cuando alzamos la vista del ordenador se nos muestra un paisaje desnudo, un gran panel  donde no nos dejan  colgar nada. Sin embargo he pegado un folio con una imagen que veo cada vez que levanto la cara. Y me sigo sintiendo identificada con el incauto caballero que representa la silueta. Con su exceso de fantasía  y sus  principios morales o éticos pisoteados por el devenir de la vida pero siempre mirando hacia delante. Ahora cabalga de espalda a mí, no tienen rostro porque es una fotocopia en blanco y negro y sólo sé que como yo, se dirige hacia un futuro desconocido, incierto, adentrándose en el horizonte que no es más que un triste muro de plástico gris. 

martes, 14 de octubre de 2014

Daenerys Targaryen, por Samuel Lara



También conocida como Khaleesi (Reina) o Misa (Madre), es una chica adolescente procedente de una familia en cuyo poder se encontraba el trono de hierro que le permitía reinar los siete reinos de poniente al sur del muro. 

 Si hubiera sido un personaje literario, ella habría sido mi primera elección, porque es la reina perfecta, sabe a quién castigar y a quién dar cobijo.  Con la compañía de sus tres “hijos”, sus dragones y su khalaasar (su reino migratorio) conquistan los territorios que se le ponen por delante. Casi nunca usa la guerra, simplemente libera a los esclavos y les da cobijo a los que quieren formar parte de esa gran familia que se dirige a Desembarco del rey, donde le espera su legítimo trono. 

En el tiempo en el que he seguido su viaje, he aprendido que no se necesitan recursos desorbitados para conseguir lo que te propones, que es mejor ofrecer confianza y protección en vez de miedo y opresión.

Mi elección también se basa en su habilidad para ser una hija de dragón, aunque no sea uno, no puede quemarse y es una madre de dragones en toda regla, aunque no pueda controlar su voluntad al ser mayores. No solo es madre de dragones sino que es la que protege su reino con sabiduría y comprensión.

Daenerys  es una persona fuerte con dotes de liderazgo y maternal con los suyos. Si tuviera la oportunidad de ser un personaje, sería ella.